Nuestro blog: DESPIERTA

Aquí compartimos nuestros pensamientos, análisis y propuestas para una España mejor. Queremos generar un espacio de diálogo y acción, donde las ideas cobren vida y juntos construyamos el futuro que deseamos.

La gestión de la política en España

Analizamos la realidad política de nuestro país, desgranando los desafíos y oportunidades. Nuestro objetivo es ir más allá de la política partidista y centrarnos en una gestión eficiente que beneficie a todos los ciudadanos. Descubre nuestras perspectivas y únete al debate sobre cómo mejorar el panorama político actual. Creemos firmemente en la necesidad de un enfoque práctico y constructivo.

Soluciones para el día a día de los españoles

Exploramos propuestas concretas para elevar la calidad de vida de los españoles. Desde la economía doméstica hasta el bienestar social, abordamos temas que impactan directamente en tu rutina. Queremos que este espacio sea una fuente de soluciones y esperanza, demostrando que es posible construir un futuro con mayores oportunidades y tranquilidad para todos. Tu bienestar es nuestra prioridad.

Cómo proteger a los autónomos

Los autónomos son el motor de nuestra economía y merecen un apoyo incondicional. En esta sección, profundizamos en las medidas necesarias para garantizar su estabilidad y fomentar su crecimiento. Discutimos reformas fiscales, simplificación burocrática y acceso a financiación, con el fin de crear un entorno más justo y próspero para quienes emprenden. Su éxito es el éxito de España.

Instituciones de España y sus conflictos internos

Analizamos el funcionamiento de nuestras instituciones, destacando sus fortalezas y los conflictos que a menudo obstaculizan su progreso. Proponemos vías para fortalecer la democracia, asegurar la transparencia y mejorar la eficacia de los organismos públicos. Queremos que entiendas cómo operan y cómo podemos, entre todos, contribuir a que sirvan mejor a los intereses de la ciudadanía. La verdad es el primer paso hacia el cambio.

Únete a DESPIERTA: tu voz cuenta

La política no es un fin en sí mismo, sino el camino para construir una España rica, libre y democrática. Nuestro interés radica en la gestión, la libertad, el sentido común y la escucha activa de todas las personas. Si compartes esta visión y estás dispuesto a colaborar en cambios importantes, te invitamos a trabajar con nosotros. Tu participación es esencial; sin un esfuerzo conjunto, las cosas permanecerán como están. Es tu opción unirte y hacer fuerza para lograrlo.

“DEMOCRACIA ILUSTRADA” 

 

 

“El conocido sistema bipartidista español, que descansa en el firme acuerdo de los notables del partido de que las elecciones se resuelvan como una alternancia periódica en el poder de los aspirantes al cargo por ambas partes, parece que va a sucumbir en el primer intento de elecciones serias.” 

Max Weber. Escritos políticos. Pág. 218 

 

De todos es conocida la expresión, del llamado “Despotismo Ilustrado”, de “¡todo para el pueblo, pero sin el pueblo!”, expresión que, bien mirada, no significa nada más que justificar los caprichos del, o de los, gobernante (s), los cuales se creían elegidos por un poder supremo del cual poder ellos eran los que lo aplicaban o lo llevaban a la práctica. 

Hoy quien “elige” no es ningún Ser Supremo ni ningún Dios, sino el “pueblo”; y, no sabemos muy bien qué significa eso, sobre todo si analizamos sus consecuencias. 

Nuestro sistema permite las listas cerradas de cada partido y en cada elección; las listas son elaboradas por personas que dirigen el partido correspondiente, aunque no se presenten en dichas listas, y “ponen” en la lista a las personas que van a defender los intereses de las personas que los ponen en dicha lista. 

El “pueblo” cuando vota, no lo hace para defender sus intereses o para solucionar sus problemas: se vota como “un acto de fe” en las personas que elaboran esa lista electoral para defender sus intereses, y no los intereses del “pueblo”: éste es simplemente un medio. 

Nuestro sistema llama “pueblo” no a un conjunto de personas concretas, con problemas determinados a solucionar, sino a un “ideal moral” o psicológico, que no responde a nada, sino que sirve para proyectar sentimientos psíquicos de afecto o desafecto, de aceptación o rechazo en las personas que votan; y en las personas que “son votadas” (en listas cerradas), sirve para justificar su postura ideológica y el nuevo estatus, tanto de las personas como del partido votado: es una forma de justificar la “fuente” de su poder: es como si habláramos de un nuevo “Dios”. Así, los gobernantes no justifican sus actos ante la sociedad (ni ante la justicia) ni ante las personas que votan, sino ante “el pueblo”, como si fuera un “Dios”. Así, toda responsabilidad ante Dios, ante el Pueblo, está exenta de consecuencias. 

Eso sí: todo eso se hace por el “bien del pueblo”; la diferencia con el “despotismo "clásico es que a este “pueblo” se le permite votar, pero, después de depositado el voto, no se le hace caso para nada. En el despotismo se hacían las cosas para “satisfacer a Dios”, el cual “hablaba” a través del elegido que era el Rey. 

El escrutinio sirve para que todos los que están en la lista ocupen un puesto de trabajo (?); la ley electoral permite que esos partidos políticos reciban muchísimo dinero del pueblo al que dicen representar. Ese dinero sirve para “crear ad hoc” puestos de trabajo para los que están afiliados al partido y a los que estando en las listas electorales no salieron elegidos en los escrutinios. Los partidos se convierten, así, en agencias de colocación. 

Su poder lo van a ejercer para “modelar” (pretendidamente) la sociedad a su antojo, pues su mensaje no es para “solucionar” los problemas sociales, sino para inocular su ideología, mediante la cual “transformar” dicha sociedad. Así pues, la palabra “pueblo” no es más que una excusa para predicar su ideología y justificar sus acciones: no se responde ante nada ni ante nadie, es decir, no hay responsabilidad ninguna. 

Parecería que este sistema, en España, está a punto de desaparecer y de colapsar: pero no es así. En el resto de la Europa democrática, la experiencia trágica de la historia, y los razonamientos nuevos, hicieron cambiar los postulados y las estructuras. Pero, en España las cosas son distintas: la trágica experiencia de nuestros dos últimos siglos apenas ha cambiado nada salvo el nombre, y la forma de llamar a las cosas. 

La observación de Max Weber de que unas elecciones libres harán cambiar los postulados y la estructura en España, por lo que sea, no ha servido: seguimos con este bipartidismo absurdo, que genera muchísimas injusticias, pero que se renueva cada generación llamándose de diferentes maneras: carlista-liberales; derechas-izquierdas; público-privado. 

Dudo que alguien sepa definir cualquiera de estas palabras; eso sí, todos hablan por el “bien del pueblo” y “para el pueblo”, pero ... “sin el pueblo”. 

 

Antonio Fidalgo